lunes, 27 de agosto de 2018

Lo que me contaron





Había una vez hace algunos años atrás una linda familia de regiomontanos compuesta por una mamá amorosa un papá divertido dos niños traviesos y una niña angelical (jajaja si claro).

La familia no tenía mucho dinero, pero si tenía espíritu emprendedor y aventurero los fines de semana recorrían las carreteras del estado buscando nuevos lugares, los viajes eran divertidos económicos y educativos, los paisajes en la ventana del auto eran como imágenes de cuentos y siempre había una historia que contar.

Hacia el sur de la cuidad había verdes parajes agrícolas serpenteados por acequias, ríos escondidos entre las montañas que resguardaban la entrada pueblos mágicos atrapados en el tiempo, donde había ferias de la cosecha, bailes de primavera y procesiones de santos pueblos misteriosos crípticos y fantasmales donde aprendí de leyendas románticas milagrosas  y espirituales.

Hacia el norte había extensas llanuras con pequeños conjuntos de luces separados por
grandes áreas oscuras, podías ver las estrellas de la noche fundiéndose con las ciudades en el horizonte, o podías ver el amanecer en todo su esplendor bañar la tierra, poco a poco las casas desaparecían y grandes construcciones rodeados de máquinas y vías del tren me contaban historias de progreso y leyendas urbanas sobre la ambición del hombre.


Hacia el oeste había una zona árida pero no muerta llena de polvo y misterio coronada por montañas lejanas donde se contaban leyendas tratos con la muerte, fantasmas celosos,  pactos infernales y criaturas extrañas, mientras en mi familia se cocían tradiciones anuales y problemas a largo plazo.

Al este estaba la nostalgia, a la que viajaban cada año, viajaban al pasado de dónde venían los padres al presente donde convivían los hijos y al futuro donde llegarían los nietos viajaban entre espacios verdes salpicados de colonias nuevas, miles de historias comprimidas en noventa metros cuadrados, cruzaban las fronteras del estado y rozaban la frontera del país ignorándola olímpicamente, lo que para otros era la mayor meta y el futuro para ellos era una escala más hacia su paraíso personal, donde había la mejor historia que podían oír, la suya.


Los padres envejecieron, los abuelos disminuyeron, las distancias se acortaron, los hijos crecieron y la carretera cada vez estaba más sola, la niña se convirtió en madre, la situación del país se dificulto, los autos dejaron de salir del estado primero y del municipio después, mientras las manecillas del  reloj avanzan y el calendario pierde hojas los nietos crecen y la ex-niña mira al horizonte, recorrer el camino hacia las casas de los padres despierta su nostalgia.


Dicen que aquellos que viajan tienen mejores expectativas del mundo y metas personales enfocadas, que tienen ambiciones y perspectiva, los hace mejores personas que tratan a todos con respeto porque tratan tal como fueron tratados o como les gustaría que los trataran a los lugares a donde van, yo creo que es definitivamente cierto, pero tiene efectos secundarios, al menos si lo hacen como esta familia lo hizo, la nostalgia.

Se de muy buena fuente que cada vez que sube al auto con su familia tiene la tentación de cambiar el trayecto, se cuanto anhela hacer un emparedado de jamón y queso bajo un árbol al dado de una acequia, también se como se mantiene despierta camino a casa durante la noche viendo las estrellas por la ventana trasera del auto, como asoma la cabeza por la ventana en la madrugada para ver el amanecer después de que su esposo se va a trabajar, y como sonríe secretamente cuando por cualquier razón toman un desvió camino a casa, su corazón se acelera alentado por la nostalgia y la adrenalina de enfrentarse a lo desconocido.
 
¿Cuál es la moraleja?

Sal de la cuidad, sal de la rutina, no importa si no tienes dinero, no se necesita mucho, ¡vete!

Viaja como quieras, en auto en autobús en avión o en bicicleta si quieres, ¡pero viaja!

Enséñale a tu familia que se puede ser feliz sin datos y sin internet, llévalos a pescar, a cazar o si eso no te va solo llévalos de picnic, llévalos al cementerio a ver a tus seres queridos que ya no están, llévalos a donde te rompiste una pierna o a donde casi te ahogas, llévalos a ver a sus abuelos tíos o primos, llévalos a donde te enamoraste por primera segunda o última vez, llévalos a conocer tu historia porque también es la suya.

VMgro  


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