domingo, 24 de marzo de 2019

El vestido blanco





Hace unos días estuve leyendo a Mari Kondo lo que me llevo a hacer una purga de ropa calzado y artículos varios enorme en mi casa, entre la ropa que tenía en el closet salió una prenda de la que no quise desprenderme aun a pesar de que sé que en algún momento debo dejarla partir, un lindo y sencillo vestido color perla de gasa y encaje con una coqueta flor adornando la cintura, es sencillo tierno y no fue muy caro y aunque el recuerdo del momento en que lo usé me trae bastante felicidad fue el momento en que lo compre el que me hizo derramar lágrimas de lo lleno que me dejó el corazón.

Tengo 16 años de relación con mi marido pero de casados solo llevamos 4, hemos tenido altibajos en nuestra vida y a veces siento que mi relación con él no ha perdido el filtro rosa que tiene todo enamoramiento y que se rompe al momento de afrontar la realidad, y lo que les voy a contar es en parte la causa.

Ya teníamos 12 años de novios apoyándonos para alcanzar nuestras metas estudiamos, nos graduamos, teníamos un trabajo estable, nos mudamos juntos, concebimos un hijo y venía uno más en camino entonces dijimos porque no casarnos? ¿Si ya teníamos la relación que se tiene en un matrimonio porque no hacerlo oficial? Y lo decidimos nos casaríamos en 15 días.

Todo iba a ser muy sencillo solo asistían nuestras familia cercana y la culpable de todo eso (la tía que le consiguió a mi marido el trabajo donde nos conocimos) y aunque suene cursi para mí era bastante romántico ya que nos casaríamos en el lugar donde nos hicimos novios un local de comida rápida donde ambos habíamos trabajado.

Entre ambos nos encargamos de la planificación, buscamos un juez y reservamos fecha, encontramos una decoración sencilla y presupuestamos la comida incluso nuestro pastel sería hecho en casa después empezamos a planear horarios e invitamos a la familia, unos cuantos días antes una amiga me acompañó a comprar un vestido, quien me conoce sabe que soy bastante avara cuando se trata de algo para mí así sea mi vestido de boda, después de mucho revisar encontré uno que era adecuado sencillo sobrio económico y azul celeste después de todo era una ceremonia civil.

Cuando llegue a casa mi marido me estaba esperando me preguntó cómo me fue y si había conseguido algo cuando le dije que sí y se lo mostré el piso una cara rara, y cuando me habló había un toque de decepción en su voz:

-¿Azul?- pregunto mientras lo sostenía.
- Si azul, ¿porque no?- le devolví la pregunta.
- Nos vamos a casar, y tal vez sea la única ceremonia que tengamos en mucho tiempo, ¿porque no blanco?- me dijo algo melancólico- cámbialo, consigue uno blanco por favor, también es mi boda.

Me contuve mucho para no llorar porque no quería asustarlo, pero dentro de mi algo cosquilleo y me sentí una mujer sumamente afortunada, al mismo tiempo me sentí culpable por la manera en la que había perdido el tiempo buscando la opción más "conveniente" y económica como si estuviera eligiendo fruta o verdura en lugar de un vestido para una ocasión especial.

El vestido original costo $ 640 pesos mexicanos (poco más de $ 30 dólares), para mí era un desperdicio tenerlo guardado o revenderlo ya que yo lo usaría de nuevo, así que lo lleve a devolver a la tienda donde no aceptaban devolución, decidí entonces tomar el consejo de la vendedora y solicitar el cambio por otra prenda buscando está vez un vestido blanco y esta vez lo encontré sencillo tierno y blanco, el único problema es que se salía del presupuesto y por mucho, mi parte soñadora suspiro y me dijo que te valga, y mi parte realista trataba de hacerme regresar a la tierra, indecisa entre seguir al corazón o a la razón busque un consejo en mi mejor amigo y más fiel compañero, llame a mi marido.

Por teléfono le expliqué la situación y como me sentía en ese momento mi dilema entre comprarlo o no comprarlo, el me escucho y solo me hizo tres preguntas

-¿Te gusta?- pregunto primero
-Si me encanta- respondí ilusionada
-¿Es blanco?- continuó
-Si es color perla como crema pero muy claro- le dije suspirando
-¿Que estás esperando para comprarlo? tiene todo lo que necesitamos- concluyo colgándome en el acto.

Sonreí y no deje de sonreír ese día, me iba a casar con un ángel y jamás me iba a arrepentir de haberme salido del presupuesto.

Cada vez que me topo con el vestido al hacer limpieza de armario me la pasó sonriendo todo el día y cuando llega mi marido quiero abrazarlo, no soltarlo nunca y llenarlo de besos.

Lo siento Mari Kondo ese recuerdo no lo quiero desechar, todo lo contrario lo quiero compartir y multiplicar.

Si te vas a casar por el civil o en una ceremonia muy sencilla durante el verano y quieres llevar un poco de esta historia contigo te lo regalo, este vestido es usado pero lleva entre sus pliegues todo el amor que mi marido y yo compartimos ese día.

Si eres del estado Nuevo León, en México puedo acordar un punto de entrega, si eres de otro estado o país solo debes de pagar los gastos de envío.

Ojo, se lo lleva quien me comparta su historia de amor si hay más de una lo rifo entre ellas, suerte.

VMgro

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