CAP 1 Mas vale sola que...


No sé cómo pasó ni porque puedes pensar que lo que te cuento serán solo excusas, una salida fácil para una mente enferma narcisista psicótica o esquizofrenica una mente con graves problemas mentales pero para mí es real.



Recuerdo que odiaba sentirme sola en casa, las paredes que me envolvían eran pequeñas a la vez que lejanas y aunque fuera de día sentía la oscuridad rodeándolo todo.


Es extraño en verdad porque ahora que estoy aquí, ni la soledad ni la oscuridad se sienten como entonces. 


A veces quisiera saber qué hubiera pasado si las cosas hubieran sido diferentes, se cómo son ahora tengo que saberlo, es mi condena por casi arruinar tantas vidas y por haber arruinado completamente la mía pensándolo bien, me salió barato, creo.


Tratare de apegarme a los hechos pero no aseguro nada, todo empezó en un día soleado cuando el espejo me sonreía, en ese momento podía visualizar el plan del día las presentaciones y las clásicas preguntas ¿de dónde eres? ¿Qué haces en tus ratos libres? ¿es la primera vez? etc. 


No contaba con ver ese día a los ojos de mí perdición me sonrió y lo odie, aún sigo pensando que fue mi instinto de auto preservación gritando pero lo ignore estúpidamente, era rara la forma en que nos llevábamos: bien, mal, regular y a veces éramos polos opuestos la epítome de las relaciones tóxicas y yo ni enterada estaba.


Mire al espejo sabía que los ojos son las ventanas del alma pero aunque nunca creí en eso de que te la podían robar, me acostumbre a no mirar mis ojos directamente frente a un espejo era malo según nuestras creencias. 


Tal vez si era cierto porque la extraña del espejo no me recordó a mí.


Delinee los labios con un rojo-rosa para hacerlos tentadores y lance las miradas más sugestivas frente al espejo luego avergonzada del juego baje la mirada ¿en realidad iba a coquetear con un hombre casado? No, esa no era yo, ¿Cuántas veces protegí a mis amigas para que no lo hicieran? y ahora iba romper mis propias reglas.


No me imaginaba cuanto me iba a pesar, aun contra todas mis alarmas caminaba meneándose como si solo eso importara, buscar atención, destacar. seducir.


¿Qué demonios estaba pensando? Si el me provoco, si él se lo busco, si el me siguió el juego pero ¿Por qué diablos empecé a jugar en primer lugar? ¿Qué estoy buscando?


Él tiene esposa, y tal vez hijos, no voy a negar que es tan guapo como atento es por eso por lo que todo en mi ser se sintió atraído, a pesar de saber que está mal.


Quiero que se detenga no está bien que nos besemos así, quiero decirle que pare pero todo mi cuerpo parece tener otras ideas y él lo sabe por eso me cito en un hotel, no en un restaurante donde las miradas podían persuadirnos de no seguir, no en el cine donde a pesar de la privacidad que brinda la oscuridad podíamos acobardarnos cuando se encendieran las luces, no, en un hotel donde sería difícil decir que no a mis propios deseos, donde no hay nadie más que la chica del espejo para detenerme, una chica que no quiere verse a los ojos porque se avergonzaría de lo que está haciendo, si la dejo.


Algo está muy mal en mí, desde que desperté esta mañana me siento diferente como si algo en mi cabeza estuviera dando vueltas, no en sentido figurado sino literal, de pronto el mareo aumenta pero mi cuerpo parece no notarlo sigue consumiéndose en la marea de caricias que me da el tipo casado ¿Cómo se llama? ¿Dónde lo conocí? ¿Cómo es que no lo recuerdo? ¿Acaso estoy enloqueciendo? 


El hombre casado dice mi nombre y yo volteo a verlo quiero poner una cara de extrañeza pero me veo sonreír ahora que me doy cuenta estoy viendo la escena de lejos como si fuera una obra de teatro representada en esa sucia habitación de hotel, tengo miedo de ver mis manos pero lo hago, no están sobre el hombre casado como yo creía sino frente a mí, no estoy en mi cuerpo, pero puedo verlo frente a mi dentro de las caricias del infiel, entonces grito lo más fuerte que puedo pero no pasa nada nadie escucha, nadie para, y nadie toca a la puerta para asegurarse que este bien.


Miro a mi cuerpo moverse junto al hombre, no hay nada que pueda hacer para detenerlos me avergüenzo de lo que hacen, no porque sea una mojigata sino porque mi cuerpo es usado como si fuera un objeto, no sé si caí en una especie de trance por la culpa o si estoy alucinando por alguna droga, solo espero despertar en cualquier momento aliviada de que solo fue una pesadilla, pero eso no pasa los amantes terminan su juego pecaminoso y veo a mi cuerpo moverse sin mirar atrás se viste en silencio toma mis zapatos y se va, molesta voy tras de mí.

Tal vez estoy soñando ya sabes uno de esos sueños vívidos que parecen tan reales que incluso hay una parte donde te despertaste esta mañana, si eso debe ser es imposible que esto ocurriera, nunca salí de mi cuerpo debo de estar en  mi cama en casa lista para despertar es imposible que yo rompiera mi propio código, es imposible que hiciera algo que como eso yo no podría jamás querría...   

- Tu lo deseabas, solo hice lo que tú jamás harías por falta de audacia y exceso de juicio- dijo, casi sentí que era mi boca la que se movía, yo estaba pensando lo mismo.

La voz en mi cabeza, no es producto de mi imaginación se que no es mía porque es demasiado incitante e impetuosa  su solo tono dice todo lo que sus palabras callan, puedo sentir la sonrisa implícita en su acusación explícita.

-¿Quien eres? ¿Cómo es que estás en mi cuerpo? ¿Por qué hiciste eso? -pregunte mientras mis palabras parecían tener mil ecos más, el invasor solo meneo mi cabeza dulcemente como quien regaña a un niño por una adorable maldad, una risa placiega emanó de mi garganta y no lo soporté más me avalance sobre mi cuerpo exigiendo al invasor que mirara pero me esquivó una y otra vez estaba desesperada por verme a la cara y descargar las miradas de ira que mis ojos cargaban, dentro de mi sabía que si me veía a los ojos encontraría algo ya fueran respuestas o soluciones ver mis ojos sería mi boleto a la realidad.


-¡Vamos dame la cara! ¡mírame! has arruinado mi vida al menos podrías verme a los ojos- exclamé furiosa 


-¿Aún estás ahí? Vaya no creí que fueras tan fuerte, normalmente desaparecen en un par de horas- dijo el extraño su tono cambió y por un momento intuí curiosidad en el - puede ser que seas un excepto, bah no tonterías nunca alguien no entrenado ha sido un excepto no debe de quedarte mucho - continuó con seguridad - ahora mismo eres solo el eco de una voz en lo más profundo de mi cabeza ¿o será en la tuya? - dijo con sorna.

Me moví a su alrededor buscando su rostro y tratando de tocar mi cuerpo para obligarme a verme pero era como si yo fuera una sombra  y mi cuerpo el foco que me proyectaba cada vez que me acercaba sentía que me disolvía lentamente, me di cuenta de que me sería imposible llegar a tocarla pero también pude sentir los objetos que nos rodeaban moverse cuando los rozaba  al parecer el invasor también lo noto más aún cuando le lance el neceser de baño en la cara tirando mi cuerpo la al suelo por el golpe y la impresión, sonreí y me acerque poniendo mi cara frente a mi cuerpo esperando el momento en que abriera los ojos, el intruso suspiro cansado cuando abrió mis ojos luego sonrió. 

-No puedo verte y solo funcionara si puedo verte, tú me viste antes yo era un deseo guardado en lo profundo de tu subconsciente pero no hay nada que yo desee de ti así que no puedo verte- dijo y levantándose con una gracia que no creía que mi cuerpo pudiera poseer salió de la habitación.

Mi sorpresa y frustración se mezclaron en un grito agudo y estrepitoso, la ira que acumule dio paso al terror cuando comprendí que por mucho que gritara nadie podría oírme y que el extraño estuvo jugando con mi mente todo este tiempo y ahora también estaba jugando con mi cuerpo.

Sus palabras me taladraban porque eran ciertas yo lo deseaba deseaba abrirle la puerta ser más atrevida segura y sensual, deseaba destacar y robar miradas por donde pasará deseaba gritarle al jefe y dejarlo en la calle y deseaba acostarme con el hombre casado retorcerme de placer con el mientras su esposa lo esperaba en casa, saber que tal vez la vería mañana o pasado por casualidad y que cuando ellos se toparán conmigo yo podría  sonreír porque su marido y yo compartimos un secreto.

Apenas lo reconocí sentí enferma ¿Qué clase de persona a pesar de saber el daño que provoca puede sonreír y disfrutarlo? ¿Hasta qué punto podía culpar al extraño por las decisiones que me trajeron hasta acá? 


Esa sensación de asco me inundó otra vez se que no tengo boca pero siento que vomitaré en cualquier momento y que cuando lo haga ya no quedará nada de mí para reclamar mi cuerpo, todas mis emociones y la noción de que lo que pasa es incorrecto se amontonan hasta que casi puedo sentir de nuevo pero la sensaciones son tan abrumadoras que siento que me disuelvo en ellas, tengo que calmarme o la nada me tragara con todo y culpas, tengo que pensar, pensar de qué manera puedo regresar a mi cuerpo el extraño dice que yo lo vi así que trato de hacer memoria intentando recordar algo fuera de lugar algo que no debería de estar ahí algo que pudiera capturar mis ojos lo suficiente como para arrancarme el alma de pronto vienen a mi todos los susurros todas las veces que mi voz interna me lo recordó diciéndome bajito al oído esto está mal y me doy cuenta de que esto realmente no empezó hoy.

Después de ver al intruso moverse como pez en el agua en mi vida comienzo a perder la esperanza,  no puedo creer que nadie se de cuenta de que esa no soy yo, nadie nota los cambios sutiles en mi forma de mirar caminar comer o reír, nadie nota la malicia en mi voz cuando intriga contra todos y a favor de nadie ni siquiera de mi misma, parece que así como yo veo al intruso es como exactamente ellos me veían a mi.

¿Será que después de todo si soy una mala persona? ¿Cómo puede ser que ni siquiera mi familia pueda ver a través del disfraz de carne? si mi abuela pudiera verme me preguntaría si ando con malas compañías, tal vez siempre anduve en el borde entre las malas compañías y los malos pasos.

La cuenta bancaria de mi madre y mis hermanos está involucrada en un desfalco a la compañía una maniobra sucia considerando que no les ha dejado ni los ahorros propios al vaciarlas, el jefe fue sobornado para hacer de chivo expiatorio, el hombre casado esta siendo manipulado para dejar a su encantadora y embarazada esposa, parece que tiene a todos comiendo de la palma de su mano, tal vez incluso a mi con cada golpe a mis propias reglas a mi moral y ética siento como se va disolviendo mi sentido del bien y el mal.

Con cada logro maquiavélico me voy despegando más a mi existencia terrenal, sigo queriendo regresar a mi cuerpo pero ya no es mi prioridad, secretamente disfruto ver al intruso, y cada vez que alguien lo llama por mi nombre un poco de rencor corta la delgada soga que me ata a la humanidad.

El intruso me llamo Excepto no se que significa pero había algo de sorpresa en su voz, en mi lenguaje Excepto significa sacar o no incluir y en efecto así me siento como si mi alma fuera algo que no se incluye en las reglas del cielo o el infierno, es extraño y ligeramente reconfortante,  tanto que asusta ¿Quién seré si no estoy en ningún lugar y e todos al mismo tiempo?  ¿Qué soy si nada puedo incluirme en la existencia?

El intruso ha hecho todo lo que estaba en mi mente antes de que el entrara, pero el tiempo le está pasando factura, sus movimientos se vuelven lentos y erráticos y poco a poco va cayendo en la desesperación, mi jefe y el hombre casado han entrado en razón y han dejado un rastro de migas de pan para que la justicia tome cartas en el turbio asunto en el que se ha tornado su existencia, y dentro de mi algo lo sabe, el me está buscando para que le de lo que él no tiene y yo si libertad.

Ahora puedo jugar el dulce juego de la indiferencia, y regodearme en su miseria mientras pasa el tiempo, puedo verlo sufrir por todo lo que me ha hecho, pero no quiero hacerlo.

La delgada soga que me ataba a la humanidad se ha roto hace tiempo, estoy por encima del bien y el mal, estoy por encima de mi propia conciencia soy casi algo y la codicia me empieza a coquetear. 

¿Por qué quedarme con mi antiguo yo? ¿Por qué no tomar la vida de alguien más? alguien libre hermoso y poderoso, alguien como la hermosa abogada que lleva el caso del intruso, ella es bella y por lo que he visto tiene una pequeña fortuna, además de que perder a propósito el juicio del intruso sería un cierre perfecto para dejar todo atrás solo debo tentarla sutilmente.

Un susurro en el camino a la visita, una sensación placentera al dejar la sala, el eco de lo que su cliente ha hecho flotando en cada entrevista, y un frío en la nuca cuando le da la espalda, agrego miedo para darle un último empujón a la causa.

Pero en una de tantas maniobras el intruso me nota, ahora sabe que estoy ahí aunque en estos meses había aprendido a ocultarme de él, o tal vez no lo hice nunca, de pronto su voz resuena en mi cabeza.

-Ahora tienes algo que quiero- dice viendo al espejo doble mientras ignora a su abogada, procuro no darle indicios de que estoy en la habitación.

-Oh comprendo, no es a mi a quien  le haces compañía- dijo ahora en voz alta

En silencio me acerco a la abogada, siento su deseo ella quiere escapar de ahí, el deseo perfecto para que me mire a los ojos y yo pueda empezar de nuevo, solo lleva unos segundos el movimiento pero es decisivo.

Mi mano derecha está extendida, se siente caliente y húmeda mientras sostiene algo, al abrir los ojos veo al intruso viéndome fijamente mientras sostiene un cuchillo improvisado que ha clavado en la garganta de la abogada, parpadeo dos veces antes de darme cuenta que no es el intruso soy yo.

Nadie me cree cuando les digo que no lo hice, la abogada ha sobrevivido pero jamás volverá a trabajar conmigo, dentro de mi quiero verla para saber si el intruso está dentro de ella ahora, y esa idea no me deja dormir por las noches, durante el juicio por todos los crímenes mi abogado de oficio argumenta que no estoy bien de la cabeza.

No sabes como me rio de eso y tal vez es la risa incontenible lo que tira la ultima sospecha de mi falta de cordura, me preguntan por los crímenes, fraude, extorsión, amenazas, lesiones, uso de estupefacientes, prostitución, chantaje, pero el ultimo que menciona es el que me confirma que ya no soy humana, intento de homicidio, tres palabras que para mi hoy no tienen ninguna importancia, la abogada es citada a declarar, y hago un trato con la corte si me permiten unos minutos con ella para disculparme me declararé culpable, pero ella se niega, estoy casi segura de que vi un atisbo de sonrisa y eso me vuelve loca.

¿Dónde está el intruso? Tal vez esta dentro de ella, no he vuelto a escuchar su voz en mi cabeza, quiero comprobar que es real, que durante todos estos meses no era yo sino las malas compañías, ahora que estoy en mi cuerpo nuevamente la memoria física me está pasando factura, mi cuerpo extraña muchas cosas, sustancias, comodidades, placer, y mi mente se ha visto invadida por los recuerdos en primera persona de todo lo que se me acusa. 

Si el intruso está dentro de la abogada seguirá haciendo daño él no puede ser bueno para nadie, solo hay que ver como acabe yo encerrada en una celda acolchada por querer ser algo más, si esto hizo con una simple asistente ¿Que podrá hacer con una persona poderosa e influyente? 

Grito que me dejen salir pero nadie me escucha, grito para ver  a la abogada pero los guardias solo vienen a sedarme, grito para que me liberen pero nadie responde, sola espero que me llegue el remordimiento por todo lo que paso pero no llega, no hay sentimientos solo excusas, el tiempo fuera de mi cuerpo me hizo perder las emociones y la decencia, no queda nada en mi que este interesada en algo que no sea yo.


¿Por qué tengo que ser castigada por las acciones del intruso?, fue él quien hizo y deshizo todo lo que se le antojo.


Unos días después mientras despierto en la madrugada la voz del intruso me llama.


-Deja de fingir que no me oyes- dice y su voz suena como mil ecos, en lo profundo de mi ser estoy sonriendo, el maldito no pudo entrar en la abogada, mi sonrisa se convierte en carcajadas que las paredes acolchadas absorben pero en mi cabeza retumban.


-Mi pobre pobre niña, ¿de verdad crees que me ganaste?- dice de manera condescendiente su tono me irrita mas que mi propia situación, pero su siguiente frase es la que me desarma por completo.


-¿De verdad crees que soy real?- suelta sabiendo que con eso destruye lo único que me sujeta mi mente para que no caiga en la desesperación y la locura.


Al amanecer los enfermeros de turno encuentran lo que queda de mi, balanceándose en el borde de la cama pidiendo que saquen al intruso invisible de mi cuarto porque prefiero estar sola que mal acompañada.

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